El crecimiento del rugby femenino en San Juan tuvo durante sus primeros años una fuerte participación de las propias jugadoras en la organización y sostenimiento de los equipos. Martina Pereyra, Amelia Zavalla y Aylén Jara repasaron en Bonus Rugby cómo fue atravesar esa etapa desde Jockey Club.
Las tres formaron parte de un proceso en el que la estructura deportiva todavía estaba en desarrollo. Pereyra comenzó su recorrido en Alfiles y luego se incorporó a Jockey cuando aquel plantel se desarmó. Allí encontró la posibilidad de mantener la continuidad competitiva y sumarse a un grupo que buscaba consolidarse.
Pero sostener el proyecto requería mucho más que asistir a los entrenamientos. Las jugadoras se ocupaban de buscar aportes económicos, organizar terceros tiempos, coordinar viajes, preparar fixtures y generar actividades destinadas a recaudar fondos.
Entre esas iniciativas estuvieron la realización de torneos de fútbol y distintas acciones para cubrir los gastos derivados de la competencia. Incluso debían encargarse de tareas operativas básicas para poder desarrollar los encuentros.
“No solamente éramos jugadoras”, explicó Jara al describir un sistema en el que cada integrante aportaba desde diferentes lugares.
Ese modelo basado en la autogestión también tuvo un efecto sobre la cohesión del plantel. Las dificultades compartidas y la necesidad de trabajar con un mismo objetivo fortalecieron una relación que se mantuvo con el paso del tiempo.
La experiencia de aquella generación refleja una etapa de desarrollo del rugby femenino sanjuanino en la que compromiso deportivo, organización y gestión funcionaban de manera conjunta. Con el crecimiento posterior de la disciplina, ese trabajo quedó como parte de la base sobre la que se construyeron nuevas oportunidades para las jugadoras.
Programa completo

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