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Violencia juvenil: especialistas ponen el foco en los modelos que los adolescentes aprenden en su entorno

Raúl Ontiveros, del Centro Faro, señaló que los comportamientos agresivos pueden estar vinculados con experiencias familiares, falta de límites, consumo de sustancias, bullying y escaso descanso. También cuestionó las conductas violentas que los adultos exhiben frente a los jóvenes.

La violencia protagonizada por adolescentes volvió a generar preocupación y abrió interrogantes sobre los factores que pueden favorecer este tipo de comportamientos. Para Raúl Ontiveros, profesional del Centro Faro, una parte de esas conductas puede comenzar a construirse desde edades tempranas a partir de los modelos que los jóvenes observan y reproducen en sus ámbitos cotidianos.

El especialista señaló que determinadas formas de relacionarse dentro de las familias, como los gritos, las descalificaciones, las humillaciones o las respuestas impulsivas frente a los conflictos, pueden terminar siendo incorporadas como mecanismos habituales para resolver diferencias. A ese contexto pueden sumarse dificultades para establecer límites, falta de contención afectiva y situaciones de bullying.

Ontiveros también mencionó el consumo de alcohol y otras sustancias como otro elemento que puede agravar determinadas situaciones de violencia. En ese sentido, planteó la necesidad de observar el conjunto de circunstancias que rodean a los adolescentes y no solamente la conducta que finalmente desencadena una agresión.

Otro aspecto sobre el que puso especial atención fue el descanso. El profesional explicó que muchos jóvenes permanecen conectados al celular hasta altas horas de la noche y deben levantarse pocas horas después para concurrir a la escuela. Esa reducción del tiempo de sueño puede repercutir en el estado de ánimo y favorecer mayores niveles de irritabilidad.

La problemática también alcanza a los episodios en los que aparecen armas. Para Ontiveros, cuando un adolescente incorpora este tipo de elementos a una situación conflictiva, difícilmente pueda analizarse como un comportamiento completamente desconectado de su entorno. Desde su perspectiva, las conductas violentas pueden ser aprendidas y reforzadas a través de los modelos que los jóvenes tienen cerca.

Por ese motivo, el profesional planteó que una parte de la discusión debe comenzar por las conductas de los propios adultos. La manera en que padres y referentes enfrentan sus diferencias, expresan el enojo y establecen límites puede convertirse en una referencia para niños y adolescentes.

La misma mirada la trasladó al ámbito deportivo, particularmente al fútbol infantil y juvenil. Ontiveros advirtió que los insultos, agresiones y reacciones desmedidas de los adultos desde las tribunas también pueden transformarse en comportamientos que los chicos terminan naturalizando y reproduciendo dentro y fuera de la cancha.

El planteo apunta, en definitiva, a ampliar la discusión sobre la violencia juvenil y observar no solo el momento en que ocurre una agresión, sino también los entornos, hábitos y modelos de comportamiento que pueden contribuir a que determinadas respuestas violentas se vuelvan habituales entre los adolescentes.

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